Quién Soy?



A finales de 2003, leyendo el diario, encuentro un aviso sobre un curso de voluntariado en un Centro de Asistencia y Prevención de La Violencia Familiar... En realidad, buscaba trabajo en los clasificados de ese día, y la nota me subyugó tanto que me apartó de lo que parecía ser mi única prioridad. De hecho lo era, sin embargo, allá fui.

Se trataba de 16 horas cátedra, un múltiple choise al finalizar y una pasantía obligatoria donde había que atender, como mínimo, 4 casos de violencia. Luego de eso, tendría mi certificado de voluntaria y si quería, podía quedarme a colaborar en la parte de admisión de la Institución.

Lo cierto es que salí mal en el examen final y me quedé sin voluntad para ir por el recuperatorio. Una compañera, apiadándose de mi patética cara de fracaso, lejos de reírse de mi absurdo comportamiento, me sugirió hacer una terapia de Reiki. Hasta ese momento Reiki era un completo desconocido para mí y allá fui también.

Así empecé. Como paciente, con un tratamiento de 8 sesiones y una reikista, que a duras penas sobrellevó mi viejísima tristeza.

Y lo confieso: mi vida, después de la terapia, no volvió a ser la misma. Ni mejor ni peor, empezó a ser diferente.

Rendí mi examen, hice la pasantía y la tristeza, para mi sorpresa, ya no representaba ningún dolor. Era solo eso, tristeza que empezaba a desprenderse de mí, que mutaba. Para ese entonces, había leído todo lo que encontré sobre Reiki y en lo único que pensaba era en obtener la maestría.

Busqué una maestra, Silvia, y antes de terminar el voluntariado estaba iniciada en el primer nivel.

Recuerdo que 1 mes después, al despedirme de Silvia, quise saber cuando podía volver por el segundo nivel. “No antes de un año, me dijo, y luego de que hayas atendido a 100 personas”.

¡Una exageración! En ningún manual de Reiki he leído ese requisito fundamental. Así y todo, ¡etapa superada!

En marzo de 2005, contabilizada la sesión Nº 100, fui por mi segundo nivel. Casi, casi tan traumático como el múltiple choise del voluntariado.

Porque no lo entendí y no me gustó. ¡Nada me gustó! Me fui llorando, terriblemente decepcionada. Es magia, pensaba al practicar los ejercicios. Y pasaban cosas raras, sentía esa rareza inentendible y me daba miedo. Porque lo desconocido, al igual que lo que no se entiende, produce temor.

Practiqué todo lo que pude y más me obsesioné por entenderlo. Cuanto más esfuerzo hacía por encontrarle un sentido racional, más insegura me sentía. El Reiki funcionaba igual sin mí, era yo que no funcionaba y lo dejaba y volvía a retomarlo para dejarlo otra vez. Todo el año fue así, hasta que en 2006 entró a mi vida Victoria, una española iluminada que en 2008 me inició en el 3º nivel y la maestría.

Con Victoria hice, en todo el 2007, una especie de acompañamiento terapéutico virtual, ella le llamaba Autogestión con buena compañía. Victoria era la terapeuta y yo la paciente, y mi trabajo era aprender a autogestionar mi propio bienestar. ¡Una limpieza de cerebro total! Un trabajo intenso y una compañía maravillosa.

En ese lapso entendí el segundo nivel de Reiki, más bien lo acepté tal y como era y ya no hubo necesidad de entenderlo, estaba implícito en la misma aceptación. Y se sintió genial.

La iniciación del 3º nivel y la maestría, fueron más que gratificantes. Primero, porque había logrado llegar a la meta propuesta y segundo, porque me obligó a hacerme cargo de eso mismo que había deseado para mí. ¿Y ahora qué? Pregunta obligada junto a un cúmulo de inseguridades que aparecen aún cuando creemos que pertenecen al pasado más remoto. Hermoso desafío.

La maestría no es para enseñar de inmediato como yo creía, se puede enseñar a otros, claro que sí, sólo que antes de enseñar afuera hay que meterse adentro y seguir aprendiendo. ¡¡Lo mejor de lo mejor!! Eso se los aseguro. No hay un solo día que no aprenda más y más de la alumna perpetua que soy. Porque el alumno es el maestro y no al revés. Eso es regla de oro. No se debe olvidar jamás.

Y esa es más o menos la historia de Reiki que me tocó vivir. Ni mejor ni peor que otras, simplemente mía, única e irrepetible, como mi manera de canalizar energía: un método propio, que Es lo que Es y no se explica, se acepta y se recibe. Nada más.

Pero no termina ahí…

En 2009, como si fuera poco lo vivido, la misma Victoria me facilita La Llave ESENCIAL (*). Con esa llave abrí absolutamente todas las puertas que quise abrir y seguramente seguiré abriendo dentro de mí. No hubo más secretos y mi vida cambió definitivamente. ¡Lo juro! Fue, por decirlo de alguna manera, como si Victoria me hubiese facilitado el don de la sabiduría infinita. Tal cual.

Oh, casi lo olvido, Soy Analía.



(*)Lo que dice Victoria sobre LA LLAVE ESENCIAL:

“La Llave ESENCIAL es una activación energética, catalizadora del proceso de despertar a tu ser esencial, que contiene e incluye los misterios y potenciales de la llamada evolución superior del ser humano.

Desde el punto de vista práctico, se trata de una secuencia de formas de geometría sagrada que suceden en la línea vertical de una persona.

Esta activación no es algo que me llegó, como pensé al comienzo, sino que traía “de serie”, y un día simplemente, comencé a despertar a esta forma energética de activación y sanación que he portado siempre conmigo y de la que no soy dueña, sino servidora.

A veces la Llave ESENCIAL sucede a pesar de mí. Y siempre es posible cuando la persona elige conscientemente recibirla en su momento justo. Así como llegó, así comencé a compartirla, al comienzo llena de dudas y miedos sobre lo que me estaba pasando y el misterio que contenía y que contiene. Desde entonces sigue desplegándose y se sirve de mí. En la medida que yo me entrego más, más fácilmente se da y en más formas. Mi reto es fluir y entregarme.

La Meditación Esencial es una de esas expansiones prácticas que han surgido. Se trata de una meditación dinámica de 21 minutos que lleva en la misma práctica implícita la activación energética.

La Llave Esencial es la llave maestra a tu potencial de maestría, la revelación de tus dones esenciales y exige de tu compromiso para que se manifieste en ti. No se trata de que yo hago algo sanador o energético para Ti, sino de que tú te comprometes contigo mism@ y yo, momentáneamente, me pongo a tu servicio, con mi más compasiva presencia.

La activación en sí es una transmisión que se realiza persona a persona o en grupo, dentro de una espiral de sanación. Se trata de una transmisión de altísima frecuencia en que se moviliza al receptor hasta llevarle a recordar que es portador de esos llamados “Códigos de Evolución Superior”, y que lo es desde siempre. El momento de la activación es un momento de meditación profunda, vivida desde la presencia en el cuerpo y la conexión con la Tierra. A partir de ese momento comienza el despegue. Buen viaje interior.”





Facilitadora: Victoria (Jivan Sarita)
www.esencial.info
contacto@esencial.info

"Hay personas que tienen el coraje de ser ellas mismas, desde la alegría, el amor y la expansión, cuando podían haber elegido seguir ciegas a la Luz que emana de sí mismas. Analía es una de estas personas increíblemente humanas y divinas.
Ella presta su Ser al que quiere encontrar los pedazos desmembrados de Sí mismo y reconstruirse en el coraje y en la alegría que la habitan. Lo demás sucede sólo, como todo en el milagro de la Vida que nos lleva..." Victoria.

GUÍA DE REIKI ©Analía alvado

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